Muertes silenciosas

Cuando un operario descubre los cuerpos sin vida de dos geólogos, el terror se apodera del pequeño campamento minero, hundido en la selva de Chocó. La televisión y los periódicos señalan una notable similitud con los decesos de turistas, atribuidos a las creencias de una comunidad indígena. Los familiares de las víctimas, junto a oportunistas, reclaman justicia. La mediatización de la tragedia convence al Departamento de Policía de Denver: por medio de la Unidad de Cooperación Internacional, envía a Willard York para ampliar la deficiente investigación local.

El detective de homicidios trabaja asfixiado por el clima hostil selvático y su constante miedo al fracaso. Las coartadas sólidas de los sospechosos y los datos forenses no aclaran la causa del desvanecimiento de los profesionales. El enigmático suceso le libera recuerdos enraizados en los huecos más oscuros e inaccesibles de su mente, que lo han torturado en forma silenciosa durante mucho tiempo.

Luchando contra él mismo y contra la parquedad de los habitantes, descubre lo que se resistía a creer: tumbas de niños indígenas en el cerro adornadas con valiosos objetos de oro. Grupos paramilitares bloquean la llegada de fármacos a la zona. La comunidad de nativos, desplazados por la corporación, ronda los lindes del campamento; no obstante, York intuye que un titiritero siniestro maneja en las sombras los hilos de los acontecimientos. Pronto asomará una mezcla desalentadora: la impunidad de la corporación, la impericia de la policía, la codicia de los geólogos, la contaminación minera y la furia de los indígenas. Combinación que podría guiarlo al fin de su vida.   

Thriller de ritmo vertiginoso y cargado de tensión narrativa. Desnuda paulatinamente la compleja psicología de los personajes condicionada por la cruel huella del pasado; y se internaliza en las redes de la corrupción política, policial y ambiental. La consecuente afección de los ecosistemas y la ceguera de la población, inmersa en sus propios asuntos.